jueves 23 de julio de 2009

Antecedentes históricos de las Islas Baleares

Las Islas Baleares (oficialmente Illes Balears) son una comunidad autónoma española compuesta por las islas del archipiélago balear, situado en el Mar Mediterráneo, junto a la costa oriental de la Península Ibérica. Su capital es Palma de Mallorca.

El archipiélago está formado por dos grupos de islas y numerosos islotes:
Las Gimnesias: Menorca, Mallorca y Cabrera y algunos islotes cercanos (como Dragonera, Conejera o la Isla del Aire). Las Pitiusas: Ibiza (Eivissa en catalán) y Formentera y los distintos islotes que las rodean.


Los primeros asentamientos humanos que se conocen datan del 5000 a.C. Los descubrimientos de numerosos vestigios de esa época atestiguan la existencia de unas comunidades prehistóricas que construían casas de piedra, cultivaban pequeñas áreas agrícolas y fabricaban herramientas, vasijas y joyas. Hay vestigios de presencia humana en Ibiza y Formentera durante la Edad de Bronce. En Mallorca y Menorca se encontraron vestigios de la llamada cultura talayótica.

Los comerciantes fenicios hacían escala regularmente en las islas, seguidos de los cartaginenses, que fundaron la ciudad de Ibiza en el año 654 a.C, convirtiéndola en uno de los principales puertos comerciales del mediterráneo. A los romanos les sucedieron los visigodos y los musulmanes. Estos últimos ocuparon las Islas Baleares en el siglo VIII, ocupación que perduró tres siglos, dejando tras de sí una herencia cultural y principalmente arquitectónica que sigue presente en la actualidad.

La reconquista cristiana fue llevada a cabo por Jaime I el Conquistador, rey de Aragón, que tomó Mallorca en 1229 y organizó la invasión de Ibiza en 1235. Menorca, la última en volver a manos cristianas, fue asediada en 1287 por Alfonso III. En 1343 las islas se unieron a la corona de Aragón.

Durante los siglos XIII y sobre todo XIV, el comercio marítimo adquiere en las Balears una gran importancia. Mallorca se convierte en un lugar donde convergen las rutas hacia el norte de África, Oriente y Occidente. Palma era una importante ciudad de intercambio en el Mediterráneo, tanto como Génova y Venecia. Se exportaban productos de las Islas, tales como los tejidos mallorquines o la sal ibicenca. La Escuela Cartográfica de Mallorca era una de las más prestigiosas. La familia judía de los Cresques elaboró el famoso Atlas considerado como una joya cartográfica y que representaba lo más avanzado de su tiempo.

Este intenso tráfico supuso la creación de una clase mercantil muy poderosa, aunque formada en parte por comerciantes extranjeros, sobre todo italianos. Una institución fundamental fue el Consolat de Mar, que se estableció en 1326, durante el reinado de Jaume III, y pervivió hasta entrado el siglo XIX. Se trataba de un tribunal especial de Justicia, encargado de atender las causas relacionadas con el comercio marítimo y la navegación. Los Consulados de Mar fueron instituciones pioneras de derecho internacional, haciendo del Mediterráneo un territorio jurídico común.

Ya en el siglo XVI hasta finales del XVIII, piratas y corsarios se convirtieron en un factor que incidió en toda esa época. Los corsarios gozaban de la famosa "patente de corso" otorgada por el Estado para interceptar naves y bienes de países enemigos, y debían entregar un tanto por ciento de sus ganancias al erario público. La piratería no era controlada por el Estado. Fue una actividad tradicional en el Mediterráneo desde la antigüedad, aunque durante los siglos XVI y XVII creció extraordinariamente a causa de los conflictos políticos y la inseguridad reinante.

En 1525 el temido Kaired-Din Barbarroja se instala en Argel y se establecen en la costa norteafricana centros corsarios que se benefician de las expediciones de gran envergadura contra las costas de Europa meridional, estando las Baleares a medio camino entre ambas. Otro famoso pirata, Drub el Diablo, combatió y venció a la flota española, escondiendo parte de sus botines en Formentera. También las salinas de Ibiza fueron otro de los objetivos preferidos de los piratas berberiscos. Para detectar la presencia de naves piratas se proyectó un sistema de torres de vigía que, unido a un código de señales, sería el único sistema de vigilancia de Mallorca hasta el siglo XIX. Las señales se realizaban con humo durante el día y con fuego por la noche.

El recuerdo de esta época quedó en las leyendas populares y la toponimia, tan llenas de historias de moros, doncellas raptadas o de valientes que regresaban para vengarse. El rapto y esclavización de personas, el robo de bienes y el asalto de naves fue una moneda de cambio general en ese Mediterráneo agitado de los siglos XVI y XVII.

En 1715, la monarquía de los Borbones, tras su victoria en la Guerra de Sucesión de España, se adueña de Mallorca e Ibiza, entonces bajo la soberanía de los Habsburgo. En cuanto a Menorca, pasó a manos de los ingleses en virtud del tratado de Utrech en 1713, ocupación que duró hasta 1802 y que fue interrumpida en 1756 y 1763 por la guerra de los Siete Años y la ocupación de los franceses.

Durante la II República (1931-1939) se proyectó sin éxito un Estatuto de Autonomía para las Islas Baleares. En 1936, con el inicio de la Guerra Civil Española, el archipiélago queda dividido en dos zonas: la parte central y oeste (Formentera, Ibiza, Mallorca) quedan dentro del area dominada por los militares alzados contra la Segunda República Española, mientras en Menorca fracasa la insurrección. En los primeros meses del conflicto, se desarrollará desde Cataluña principalmente, una operación para tomar Mallorca, el llamado Desembarco de Mallorca, que se desarrollaría entre agosto y septiembre de 1936 y que finalmente sería rechazado por el ejército franquista, volviendo a quedar las cosas igual que antes. Después de la victoria franquista en la Batalla de Menorca (1939) la isla fue tomada por las tropas nacionales. Tras la transición regresan los ánimos autonomistas y en 1983 finalmente es aprobado un Estatuto de Autonomía de las Islas Baleares.

Desde 1950, las Islas pasan a ser uno de los centros de afluencia turística más importantes de Europa, por su historia y belleza geográfica y cultural.